BARAYO: UN LAR ESTUARINO

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La definición más aceptada de la palabra estuario es la que propuso Pritchard en 1967: “un estuario es una masa de agua costera semi-cerrada que tiene conexión libre con el mar y en el cual el agua marina está parcialmente diluida con el agua dulce proveniente del drenaje continental”. En 1997, Ibáñez et al., dieron una definición más amplia a esta palabra, englobando de esta manera, a los estuarios micromareales: “un estuario es un sistema fluvio-marino sometido a la influencia de las mareas y caracterizado por una entrada y una mezcla de agua marina y continental que son variables en el espacio y en el tiempo”. Según esta definición, se prosigue con la descripción típica de las partes de un estuario siguiendo un gradiente de influencia marina (Ibañez et al., 2009) (Fig.1).

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FIGURA 1. Esquema general de un estuario según la influencia marina (Ibañez et al., 1997).

-Una zona distal (boca). Libre circulación de las aguas continentales y marinas, dominadas por el oleaje y las mareas que transportan el sedimento más fino aguas arriba. Se corresponde con la zona inframareal (estuario bajo).

-Una zona central. Es donde se depositan los sedimentos más finos y donde hay un equilibrio entre las aguas fluviales y marinas. Esta área se corresponde con la zona intermareal (estuario medio). 

-Una zona proximal (cabeza). Sedimentación de material grueso y transporte aguas abajo del material más fino. Se corresponde con la zona supramareal (estuario alto). Esta zona puede tener alguna influencia mareal, pero suele ser escasa o nula.

El estuario de Barayo, catalogado como Punto de Interés Geológico (PIG), localizado en la zona occidental de Asturias, se sitúa entre los concejos de Navia y Valdés; y fue declarado Reserva Natural Parcial en 1995 por el Principado de Asturias. Este espacio protegido de 2,5 Km², comprende el tramo costero que va desde la Punta de Anao o Romanellos a la de los Aguiones, incluyendo: la playa, el estuario, el complejo de dunas de Barayo, la playa de Sabugo o Playa de Arnela, la superficie de rasa costera que delimita ambas playas, los acantilados y los islotes de Pedrona y Romanellos (Fig. 2).

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FIGURA 2. Localización y extensión de la Reserva Natural Parcial de Barayo. Concejo de Navia. Asturias. Google Maps.

Según los antecedentes que se tienen acerca de la formación del estuario, se deduce, que se fue rellenando de sedimentos durante la transgresión Flandriense, su máximo apogeo, y después se sucedieron diferentes descensos del nivel del mar que acabaron por configurar el cauce del río Barayo.

El río Barayo, de casi 11 Km de longitud, se encuentra condicionado estructuralmente por el cabalgamiento del mismo nombre, sobre todo en su trazado final y discurre por la rasa, erosionándola y tallando a su paso el valle fluvial, para así, continuar por el estuario y seguir su recorrido por la antigua marisma  hasta la desembocadura en el Mar Cantábrico. La dirección del tramo final del río coincide con la del cabalgamiento y este a su vez, coincide con las direcciones de casi todas las estructuras del occidente asturiano (NNE-SSO) (Fig. 3).

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FIGURA 3. Perfil geológico que muestra las pizarras de la Fm. Agüeira al oeste del cabalgamiento de Barayo y las cuarcitas de las capas inferiores del Eo al este del cabalgamiento. Hoja magna nº 11 (IGME).

El cabalgamiento de Barayo pone en contacto litologías de diferentes resistencias: al este del cabalgamiento, las cuarcitas ordovícicas que forman las “Capas inferiores del Eo”, constituidas por una alternancia de cuarcitas, areniscas y pizarras y que se incluyen dentro de la Cabos“Serie de los Cabos (Aramburu & Bastida, 1995) (Fig. 4); y al oeste del cabalgamiento, las pizarras y areniscas de la Fm. Agüeira. Estas últimas litologías son deleznables y muy poco resistentes a la erosión, por lo cual, facilitan la formación de esta ensenada.

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FIGURA 4. Sección estratigráfica del Paleozoico Inferior en Asturias. La escala horizontal es desconocida, al no haberse realizado una reconstrucción de las estructuras hercínicas, pliegues y cabalgamientos (Aramburu & Bastida, 1995).

El rasgo geomorfológico más característico del sector costero occidental es la rasa costera (Fig. 5a). Ésta, fue definida como una antigua plataforma de abrasión (marina, continental o mixta), que fue elevada o se quedó colgada debido al descenso del nivel del mar (Pedraza et al., 1996) . En Barayo, la rasa se encuentra formada por cantos siliciclásticos redondeados y pulidos en ocasiones asociados a lentejones de arenas de origen marino. Así que se trata de depósitos antiguos de playas, que han sido elevados hasta su posición actual (Fig. 5b).

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FIGURA 5. a) Panarómica de la rasa costera donde se aprecia una suave pendiente en dirección al mar y b) Cantos redondeados cuarcíticos de tamaño centimétrico correspondientes a antiguos depósitos de playas (rasas).

La playa de Barayo, con una extensión aproximada de 670 m, ha sido formada por el arrastre de los sedimentos fluviales y por el ascenso de las mareas a través del cauce del río que llegan hasta casi los 400 m tierra adentro. Así mismo, el sistema dunar está constituido por los sedimentos más finos transportados por el viento del Nordeste y que se acumulan en la parte trasera de la playa.

Según Klinj (1990), el crecimiento de las dunas costeras se encuentra fuertemente ligado a la vegetación. Éstas generan una especie de rugosidad en el suelo que disminuye la capacidad de transporte y la velocidad del viento. También, son capaces de interceptar las granos arenosos y así, favorecer la sedimentación.

La colonización vegetal del campo dunar parece estar relacionada con especies tolerantes a plantas adaptadas a vivir en ambientes arenosos, resistentes al frío, calor, spray y suelos salinos, inundaciones y a la limitación de nutrientes (Barbour et al., 1985; Rozema et al., 1985; Clark, 1986; Hesp, 1991; Kumler, 1997; Randall, & Scott, 1997); configurando de esta manera, un sistema dunar que queda representado por comunidades específicas de plantas que se disponen en bandas paralelas al límite playa-duna. Este sistema se encuentra formado por dos cordones dunares (externo e interno) y paralelos entre sí; al cordón interno, se le ha sobrepuesto unas dunas lingüiformes de manera cuasi perpendicular, esta superposición apunta que las dunas lingüiformes se formaron posteriormente al cordón dunar (Fig. 6).

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FIGURA 6. La línea azul representa el cordón dunar externo (duna semifija, duna blanca o segudo cordón) y la línea roja representa el cordón dunar interno (duna fija, duna gris o tercer cordón). Playa de de Barayo (Asturias). Google Maps.

El mayor porcentaje de material necesario para la formación de las dunas viene de los vientos marinos y en menor medida, de los vientos terrales que transportan partículas desde el continente. Cuando el flujo de arena se encuentra con un obstáculo, vegetación, los sedimentos pueden pasar a través de ella y se genera una “zona de sombra” donde se inicia la acumulación (Goldsmith, 1985).

La zona supramareal de la playa es estrecha con una transición gradual hasta la zona intermareal, de mayor amplitud y dominada por ripples marks (Fig. 7a), en la que se encuentra una terraza de bajamar, un resalte o escalón (plunge step), donde se deposita una acumulación del sedimento más grueso y de fósiles (Fig. 7b).

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FIGURA 7. a) Ripple marks en la terraza de bajamar inundada durante la pleamar y los temporales y b) plunge step donde se acumulan todo tipo de restos orgánicos y no orgánicos.

La llegada de los organismos marinos a la zona alta de la playa en días de temporal (arribazones) generan un ambiente rico en materia orgánica y se distribuyen en capas de tonalidades beige y amarillentas de espesor milimétrico que contrastan con las tonalidades grisáceas de las arenas siliciclásticas (Flor & Flor-Blanco, 2014b) (Fig. 8).

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FIGURA 8.  Mantos de tonalidades beige y amarillentos (componentes biogénicos) que contrastan con las arenas siliciclásticas de tonalidades grisáceas.

Por detrás de estos arribazones se genera una duna embrionaria sometida a los temporales, por lo tanto se trata de una duna móvil, inestable y que sufre procesos continuos de formación, la cual no se encuentra representada en Barayo. En los últimos años, este campo dunar ha sufrido un retroceso bastante considerable (20 m) debido a los temporales de invierno que han erosionado esta franja hasta el segundo cordón dunar, duna blanca o duna semifija, donde el sedimento se encuentra mejor estabilizado. La especie más abundante en este cordón es el barrón (Ammophila arenaria subsp. australis) (Fig. 9a), cuyos rizomas consolidan el sustrato arenoso; también se encuentran la grama de mar (Elymus farctus subsp. boreoatlanticus) (Fig. 9b), el cardo marino (Eryngium maritimum) (Fig. 9c), correhuela marítima (Calystegia soldanella) (Fig. 9d)  y lecherina de las playas (Euphorbia paralias) (Fig. 9e). El tercer cordón dunar, duna gris o duna fija, es la franja más alejada del mar y casi no tiene actividad eólica. Las arenas ya se encuentran totalmente estabilizadas, colonizadas por la plantación del pino resinero (Pinus sylvestris) (Fig. 9f), dirigido a frenar el avance de las dunas y alterada por las actividades agrícolas de antaño.

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FIGURA 9. Vegetación representativa de los cordones dunares de Barayo. a) Barrón (Ammophila arenaria subsp. australis), b) grama de mar (Elymus farctus subsp. boreoatlanticus), c) cardo marino (Eryngium maritimum), d) correhuela marítima (Calystegia soldanella), e) lecherina de las playas (Euphorbia paralias) y f) pino resinero (Pinus sylvestris) plantado para frenar el avance de las dunas.

Según disminuye la influencia salina del mar, se empiezan a observar en los márgenes del río las especies características de ribera como alisos (alnus glutinosa) (Fig. 10a) y sauces (salix sp.) (Fig. 10b).

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FIGURA 10. Vegetación típica de ribera. a)Aliso (Alnus glutinosa) y b) sauce (Salix sp.).

La existencia de zonas cenagosas en las llanuras de Barayo permite la aparición de alisedas pantanosas (Fig. 11a), amplios carrizales (Phragmites australis) (Fig. 11b) y juncales (juncus marítimus) (Fig. 11c).

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FIGURA 11. a) Aliseda pantanosa, b) carrizales (Phragmites australis) y c) juncales (juncus marítimus).

Las zonas acantiladas se encuentran representadas por la vegetación típica de la costa occidental asturiana como la Spergularia rupícola (Fig. 12a), que crece en los roquedos y recibe las salpicaduras del mar, llegando a soportar el impacto directo del oleaje, los céspedes aerohalófilos de Festuca pruinosa (Fig. 12b),  que aunque se ven afectados por la salpicadura del mar y, por supuesto, por el aire cargado de sal (spray marino), no están sometidos a la acción habitual de las olas  y los tojales aerohalófilos con Angelica pachycarpa (Fig. 12c),  se encuentran en el tramo superior del acantilado y en el borde de la rasa, donde se ve afectado sólo durante los temporales fuertes, pero la acción del spray marino sigue siendo notable.

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FIGURA 12. Vegetación típica de los acantilados asturianos, a) Spergularia rupícola, b) céspedes aerohalófilos de Festuca pruinosa y c) tojales aerohalófilos con Angelica pachycarpa.

En el sector occidental de la playa se puede ver cómo actúa la acción del oleaje generando desprendimientos (Fig. 13a) y conos de derrubios (Fig. 13b) que poco a poco serán erosionados por las corrientes del litoral. En la zona oriental de la playa, en los acantilados cuarcíticos, existen unas cuevas originadas por la acción mecánica del oleaje que siguiendo los planos de estratificación, diaclasas y fallas han tallado estas galerías de forma natural (Fig. 13c); al lado de éstas, se aprecia  una cicatriz de rotura perteneciente a un deslizamiento (Fig. 13d).

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FIGURA 13. a) Desprendimientos, b) cono de derrubios, c) Cuevas de las “Santinas” talladas de forma natural y d) deslizamiento.

La reserva de Barayo alberga numerosas especies faunísticas, siendo la nutria (Lutra lutra) (Fig. 14a) el ejemplar estrella; también se encuentran en el cauce del río la trucha (Fig. 14b) y la anguila (Anguilla anguilla) (Fig. 14c).

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FIGURA 14. a) Nutria (Lutra lutra), incluida en la categoría “Interés Especial” y “Sensibles de alteración de su habitat” dentro del Catálogo Regional de Especies Protegidas y Vertebrados Amenazados, b) trucha, visible en el tramo final del río y c) anguila, también abundante en el tramo final del río. Wikipedia.

Durante el paso migratorio de otoño es común ver al cormorán moñudo (Phalacrocorax aristotelis) (Fig. 15a), catalogada como de interés especial y el ostrero (Haemetopus ostralegus) (Fig. 15b), catalogado como sensible a la alteración de su hábitat y puede verse en el estuario alimentándose. En el arenal son frecuentes las diferentes especies de gaviotas (Laurus sp.) (Fig. 15c) y el charrán común (Sterna hirundo) (Fig. 15d), este último, muy abundante a finales de verano y durante el otoño. En la parte interna del estuario donde predominan los carrizales vive el ánade azulón (Anas platyrhynchos) (Fig. 15e) y la garza real (Ardea cinerea) (Fig. 15f).

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FIGURA 15. a) Cormorán moñudo (Phalacrocorax aristotelis) catalogada como de interés especial, b) el ostrero (Haemetopus ostralegus) catalogado como sensible a la alteración de su hábitat, c) las gaviotas (Laurus sp.), d) el charrán común (Sterna hirundo), e) el ánade azulón (Anas platyrhynchos) y f) la garza real (Ardea cinerea).

Finalmente, existe una amplia zona cubierta por bambú, planta exótica y muy agresiva (Fig. 16).

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FIGURA 16. Bambú, planta invasora y muy agresiva.

 

BIBLIOGRAFÍA

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